lunes, 12 de diciembre de 2011

Atardece el día como siempre.
Las calles se van vaciando, las farolas se van encendiendo, las estrellas hoy no se ven.
 Desde mi habitación observo cómo se eleva hacia el cielo el humo de las chimeneas, cómo las persianas, poco a poco, van ocultando las ventanas.
A penas aparto la mirada.

Anochece la tarde una vez más.
El cielo se torna negro, la tranquilidad se hace infinita, la Luna hoy no sale a alumbrar.
Desde mi habitación observo cómo el frío va empeñando los cristales de los coches aparcados, cómo el silencio se va adueñando de las aceras.
A penas aparto la mirada.

Amanece la noche como es rutina.
Los pájaros entonan su canciones, el rocío baña las hojas de los árboles, el Sol no se atreve a pasar entre las nubes.
Desde mi habitación observo cómo el ritmo de la vida vuelve inundando las calles de gente, cómo parece que todo cambia a cada instante.
A penas aparto la mirada.

Da igual que anochezca o que amanezca, que haga Sol o que la lluvia ahoguen las calles, que la gente salga o que entre, que el mundo gire o avance..
El tiempo se ha parado tras mi ventana.

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