Clavó sus alas en mi la soledad
sin ver que mi suerte iba a cambiar.
Me sirvió la tentación
para despertar mi fuego interior.
Y cambió...
vaya si cambió.
En un trémulo segundo desperté rodeada de inquietudes, de esperanzas y de ilusiones. De miedos y frustraciones, de inverosimilitudes e incongruencias varias, verificando, ante todo, que sí soy humana y, por descontado, patética.
Somos humanos y experimentamos todo tipo de sensaciones. Con ellas ta,bién aprendemos muchas cosas. beso
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