Estábamos los dos solos.
El uno al lado del otro.
Solo unos centímetros separaban nuestros cuerpos.
Yo podía sentir su calor. Era consciente de que me miraba con disimulo, creyendo que no me daba cuenta. Podía escuchar su respiración, lenta y profunda, al compás de mi corazón.
Dejábamos atrás horas de risas, palabras descontroladas, silencios ahogados, hierba arrancada,extrañas caricias, estrellas contadas, miradas perdidas, besos condenados.
En un descuido desapareció la luna que nos había embrujado aquella noche. Tal vez fue su embrujo, tal vez el destino... lo único que sé es que aún revivo con nostalgia ese efímero instante.
El cielo empezaba a aclararse y mi cabeza encontró tu hombro. No necesitamos más contacto para creernos solo uno. Y comenzamos a entender.
Fuimos dos extraños decididos a hacer recuerdo de algo tan irrelevante y mundano como es ver salir el sol lejos, allá en el horizonte.
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