Otearé el horizonte entre este hoy y un posible mañana.
Tristes son las sombras que este eclipse ha dejado en los corazones de aquellos que no supieron entender que la vida no necesita luz propia, pues ya somos nosotros la aurora que vencerá al ocaso, porque no tenemos miedo, en estos espíritus libres no cabe.
La admiración por la esperanza emerge de entre los anhelos de la mente, pues la mar ahora nos invita a surcarla.
El goce del subir y bajar de las aguas en las olas abre sus brazos para nosotros, queriendo deleitar las presencias que súbitamente aparecen como fantasmas de un recuerdo aún en porvenir.
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