Recuerdo que tenía ambiciones disparatadas, las típicas ilusiones vanas, esperanzas desteñidas de tanto albergarlas, sueños posiblemente imposibles y tantas ganas de vivir como anhelos de felicidad.
Después besé tus labios y olvidé hasta el inevitable hecho de que, aunque yo no lo pueda ver, allá a fuera, mañana vuelve a amanecer...
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