¿Y si solo fuéramos el sueño de una noche, de una triste noche?
A veces imaginamos el mundo de una manera, creemos que las cosas son así porque así es como queremos que sean. Pero la realidad es bien distinta. Las cosas son como son, independientemente de cómo queramos que sean.
Lo mismo nos ocurre con las personas.
Tendemos a idealizar a quien amamos, o a quien creemos amar. Le hacemos inalcanzable, cada vez más. Le alzamos en un pedestal que poco a poco va subiendo y cuando queremos trepar hasta él no sabemos cómo llegar y perdemos la ilusión y aparece la melancolía sembrando desgana en los resquicios que se abren en el corazón. Y todo se va volviendo oscuro...
Aunque no queramos siempre nos ocurre lo mismo, y yo me pregunto: ¿Qué ocurriría si un pájaro se viera incapaz de volar por encima de una nube? ¿Qué pasaría si una flor no se creyera capaz de embriagar a un insecto con su olor? ¿Qué sería de un músico si viera imposible arrancarle unas notas a un triste violín?...
Digo siempre que, aun alardeando de inteligencia, lo que más destaca del ser humano es su estupidez. Esto no es más que otra muestra de que llevo razón.
¿Y si sólo fuéramos el sueño de una noche, de una triste noche? Las notas de nuestra sinfonía estarían condenadas a la intemporalidad de lo infinito porque un compositor se dio por vencido al escuchar los primeros acordes que le vinieron a la cabeza sin darse cuenta de que podía volver a empezar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario