lunes, 29 de noviembre de 2010

Como despertarte y ver que está nevando. Y que los copos no dejan de caer, cada vez con más intensidad, sobre ese suelo de asfalto que ya se empieza a ocultar. Y comprobar que los tejados están blancos en toda la ciudad.

Como ir caminando por la calle y notar que te observan sin saber desde donde y no saber que es un desconocido que imagina tu vida desde su ventana. Y de pronto, sentir la necesidad de mirar al cielo.

Como la lágrima que nace en tus ojos, resbala por tus mejillas y se deja caer hacia el vacío con tal de huir de nosotros. Ojalá yo pudiera también huir de mi.

Como sentirse encerrado dentro de tu propia cabeza y ver que una bandada de pájaros se aleja hacia el horizonte escapando de todo cuanto les ata a un lugar.

Como entender que, por mucho que quieras, por mucho que lo desees, esa persona no se va a fijar nunca en ti. Y darte cuenta de que la soledad será nuestro único acompañante en el camino hacia una muerte segura.

Como sonreír con una mueca de hipocresia y falsedad que tiñe nuestros ojos de dolor.

Como la luz cegadora que guía nuestros pasos hacia un destino que no queremos aceptar.

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